- No deberás temer el terror de la noche, ni a la saeta que durante el día vuela. Ni a las sombras que avanzan en las tinieblas, ni al azote que devasta a mediodía.
Aunque a tu lado caigan mil o diez mil, a tu diestra, a ti no ha de alcanzarte. Basta con que mires con tus ojos, y verás el galardón de los impíos. Protégete de la red del cazador, y de la peste funesta.
Con sus plumas te cubre, y bajo sus alas tiene un refugio. No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga podrá andar cerca.
[.. así saldrán los que hicieron el bien, por aquellos que hicieron todo el mal.]
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