.. ni siquiera había esbozado la más mínima sonrisa, y me pregunté, si es que no habría detectado ya en mí a un completo extraño, a un intruso, o es que se comportaba así como de costumbre. Alguien del que percibía tal vez que nunca conseguiría tan siquiera que le rozase la mano.
Me quedé mirándola totalmente embelesado. Era perfecta. Lo era demasiado para mí. No entendía como otros se dedicaban a romperla mientras yo solo me conformaba con lo que ella más odiase. La veían como algo más. Pero no, ella era más que todo eso junto. Ella no era solo 'algo más'. Se limitaban a verla cuando era solo yo quien la miraba. Entonces, por un momento, me miró, sus ojos se cruzaron con los míos. Era mi mundo el que resucitaba e inmediatamente me acordé de aquella frase de Bécquer que decía: 'El alma que puede hablar con los ojos puede también besar con la mirada.'
El caso es que yo seguí pasando desapercibido. Ese que estaba por estar.
Que no hubiese dado yo porque me hubiese prestado unos minutos de su tiempo.
Que no hubiese dado yo por ella. (?)
La misma vida.
El infierno vino después por no poder acabar en el cielo de su boca.
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